Ecología

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Introducción

Destruir el mundo

Si cogiéramos a todas las personas del mundo y las dispusiéramos sobre un amplio conjunto de balanzas, su masa combinada sería alrededor de los 300 millones de toneladas. Si a continuación cogiéramos a nuestros animales de granja domesticados (vacas, credos, ovejas y pollos) y los colocáramos sobre un conjunto de balanzas todavía mayor, su masa rondaría los 700 millones de toneladas. Por el contrario, la masa combinada de todos los animales salvajes grandes vivos, desde puerco espines hasta pingüinos, elefantes y ballenas, es inferior a 100 millones de toneladas.

Nuestros libros de la infancia, nuestra iconografía y nuestras pantallas de televisión continúan llenos de jirafas, lobos y chimpancés, pero apenas quedan unos cuantos en el mundo real. Hay unas 80.000 jirafas en el mundo, en comparación con los mil millones y medio de reses; 200.000 lobos, en comparación con los 400 millones de perros domesticados; 50 millones de pingüinos, en comparación con los 50.000 millones de pollos y 250.000 de chimpancés, en comparación con los miles de millones de seres humanos. El ser humano se ha hecho de verdad con el mundo.

No obstante, las jirafas y los pingüinos salvajes no tienen motivo para sentir celosos de las vacas y los pollos domesticados. Desde una perspectiva evolutiva estrecha, las especies domesticadas representan una historia de éxito impresionante. Son los animales más extendidos del mundo. Desafortunadamente, esta perspectiva evolutiva no toma en consideración el sufrimiento individual. Es muy probable que las vacas y los pollos domesticados representen una historia de éxito evolutivo, pero también se hallan entre las criaturas más miserables nunca existentes. La discrepancia entre éxito evolutivo y sufrimiento individual es una de las lecciones más importantes de la historia.

Conferencias

Artículos

El peor crimen de la historia

La Revolución Industrial produjo una combinación sin precedentes de energía barata y abundante y de materias primas baratas y abundantes. El resultado fue una explosión de productividad humana. Esa explosión se notó primero y sobre todo en la agricultura. Por lo general, cuando pensamos en la Revolución Industrial pensamos en un paisaje urbano de chimeneas humeantes, o en la difícil situación de los explotados mineros del carbón sudando en las entrañas de la Tierra. Pero la Revolución Industrial fue, por encima de todo, la Segunda Revolución Agrícola.

Durante los últimos 200 años, los métodos de producción industrial se convirtieron en la base fundamental de la agricultura. Máquinas tales como los tractores empezaron a desempeñar tareas que previamente efectuaba la energía muscular, o que no se realizaban en absoluto. Campos y animales se hicieron muchísimo más productivos gracias a fertilizantes artificiales, insecticidas industriales y todo un arsenal de hormonas y medicamentos. Frigoríficos, barcos y aviones han hecho posible almacenar productos durante meses, y transportarlos rápidamente y a bajo precio al otro lado del mundo. Los europeos empezaron a comer carne de res argentina y sushi japonés, ambos frescos.

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¿Quién domesticó a los humanos?

Los entendidos proclamaron antaño que la revolución agrícola fue un gran salto adelante para la humanidad. Contaban un relato de progreso animado por la capacidad cerebral humana. La evolución produjo cada vez personas más inteligentes. Al final, la gente era tan espabilada que pudieron descifrar los secretos de la naturaleza, lo que les permitió amansar a las ovejas y cultivar trigo. Tan pronto como esto ocurrió, abandonaron alegremente la vida agotadora, peligrosa y a menudo espartana de los cazadores-recolectores, y se establecieron para gozar de la vida placentera y de hartazgo de los agricultores.

Este relato es una fantasía. No hay ninguna prueba de que las personas se hicieran más inteligentes con el tiempo. Los cazadores-recolectores conocían los secretos de la naturaleza mucho antes de la Revolución Agrícola, puesto que su supervivencia dependía de un conocimiento cabal de los animales que cazaban y de las plantas que recolectaban. En lugar de anunciar una nueva era de vida fácil, la Revolución Agrícola dejó a los agricultores con una vida generalmente más difícil y menos satisfactoria que la de los cazadores-recolectores. Los cazadores-recolectores pasaban el tiempo de maneras más estimulantes y variadas, y tenían menos peligro de padecer hambre y enfermedades. Ciertamente, la Revolución Agrícola amplió la suma total de alimento a disposición de la humanidad, pero el alimento adicional no se tradujo en una dieta mejor o en más ratos de ocio. En cambio, se tradujo en explosiones demográficas y elites consentidas. El agricultor medio trabajaba más duro que el cazador-recolector medio, y a cambio obtenía una dieta peor. La Revolución Agrícola fue el mayor fraude de la historia.

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