Felicidad

More Topics

Introducción

¿Qué sentido tiene?

Tenemos mucho más poder que nuestros ancestros, ¿pero somos mucho más felices? No lo parece. En comparación con lo que la mayoría de personas soñaron en la historia, es probable que vivamos en un paraíso; pero por algún motivo, no nos sentimos parte de él.

Una explicación es que la felicidad no depende tanto de las condiciones objetivas como de nuestras propias expectativas. No obstante, las expectativas tienden a adaptarse a las condiciones. Cuando las cosas mejoran, las expectativas se inflan como un globo, y en consecuencia hasta mejoras abismales en nuestras condiciones pueden dejarnos igual de insatisfechos que estábamos.

Una segunda explicación es que tanto nuestras expectativas como nuestra felicidad vienen determinadas por nuestro sistema bioquímico interno, y nuestro sistema bioquímico no está realmente interesado en la felicidad. La evolución lo creó para incrementar nuestras probabilidades de supervivencia y reproducción, y la evolución se ha asegurado de que independientemente de lo que consigamos, continuemos insatisfechos, siempre con ansias de más.

Una tercera explicación es que los seres humanos simplemente no comprendemos lo que es la felicidad. Somos como un conductor en un coche que pisa el acelerador con todas sus fuerzas, pero no ha metido ninguna marcha. No cabe duda de que estamos haciendo mucho ruido e invirtiendo mucha energía, pero en realidad no nos movemos a ninguna parte.

Conferencias

Artículos

¿Quién domesticó a los humanos?

Los entendidos proclamaron antaño que la revolución agrícola fue un gran salto adelante para la humanidad. Contaban un relato de progreso animado por la capacidad cerebral humana. La evolución produjo cada vez personas más inteligentes. Al final, la gente era tan espabilada que pudieron descifrar los secretos de la naturaleza, lo que les permitió amansar a las ovejas y cultivar trigo. Tan pronto como esto ocurrió, abandonaron alegremente la vida agotadora, peligrosa y a menudo espartana de los cazadores-recolectores, y se establecieron para gozar de la vida placentera y de hartazgo de los agricultores.

Este relato es una fantasía. No hay ninguna prueba de que las personas se hicieran más inteligentes con el tiempo. Los cazadores-recolectores conocían los secretos de la naturaleza mucho antes de la Revolución Agrícola, puesto que su supervivencia dependía de un conocimiento cabal de los animales que cazaban y de las plantas que recolectaban. En lugar de anunciar una nueva era de vida fácil, la Revolución Agrícola dejó a los agricultores con una vida generalmente más difícil y menos satisfactoria que la de los cazadores-recolectores. Los cazadores-recolectores pasaban el tiempo de maneras más estimulantes y variadas, y tenían menos peligro de padecer hambre y enfermedades. Ciertamente, la Revolución Agrícola amplió la suma total de alimento a disposición de la humanidad, pero el alimento adicional no se tradujo en una dieta mejor o en más ratos de ocio. En cambio, se tradujo en explosiones demográficas y elites consentidas. El agricultor medio trabajaba más duro que el cazador-recolector medio, y a cambio obtenía una dieta peor. La Revolución Agrícola fue el mayor fraude de la historia.

Read More

Religión sin Dios

Todas las religiones que hemos discutido hasta ahora comparten una característica importante: todas ellas se centran en una creencia en dioses y en otras entidades sobrenaturales. Esto parece obvio a los occidentales, que están familiarizados principalmente con credos monoteístas y politeístas. De hecho, sin embargo, la historia religiosa del mundo no se reduce a la historia de los dioses. Durante el primer milenio a. de C., religiones de un tipo totalmente nuevo empezaron a extenderse por Afroasia. Los recién llegados, como el jainismo y el budismo en la India, el taoísmo y el confucianismo en China, y el estoicismo, el cinismo y el epicureísmo en la cuenca mediterránea, se caracterizaban porque hacían caso omiso de los dioses.

Estos credos sostenían que el orden sobrehumano que rige el mundo es el producto de leyes naturales y no de voluntades y caprichos divinos. Algunas de estas religiones de la ley natural continuaban aceptando la existencia de dioses, pero sus dioses estaban sujetos a las leyes de la naturaleza como lo estaban los humanos, los animales y las plantas. Los dioses tenían su nicho en el ecosistema, de la misma manera que los elefantes y los puercoespines tenían el suyo, pero no podían cambiar las leyes de la naturaleza, al igual que no pueden hacerlo los elefantes. Un ejemplo inmediato es el budismo, la más importante de las religiones antiguas de ley natural, que sigue siendo una de las creencias más extendidas.

Read More